Hola amigos culminando esta semana con temas dirigidos a los retos y desafios que enfrentamos todos aquellos que tenemos la dicha de ser padres de nuestros ninos y adolencentes de hoy, y de como hemos aprendido a automatizar nuestros sentimientos quizas por falta de tiempo, pues nos hemos convertido en adiptos de una sociedad consumista y materialista, pero sobre todo hemos permitido que nos arrebate lo mas preciado que tenemos cada dia nuestro TIEMPO para ser, estar, querer, compartir, apreciar, agradecer, escuchar y sobre todo expresar el amor inmenso que sentimos por nosotros mismos, por los demas y por nuestro entorno. Pasamos a formar parte de una sociedad analfabeta emocionalmente, ocacionando un gran desajuste energetico a todo nivel y convirtiendonos en unos robos cada vez mas alejados de su propio conocimiento.
Esta contracción energética a ocasionado el aumento de una sociedad que vive a ciegas y que cree que esta aquí para defenderse y no para vivir, como lo expresa el autor Alex Rovira en su libro Niños sin Límites.
"Algo no va. Algo falla, y mucho. Aunque el tema es complejo y hay cuestiones que también forman parte del puzzle, como la falta de conciliación de la vida laboral y personal, medios y empresas que promueven una sociedad cada vez más competitiva y bulímica, entornos virtuales de ocio donde se premia la violencia y la trasgresión..., quizá cabría iniciar la reflexión desde lo más cercano al niño: los padres y su responsabilidad a la hora de transmitir los valores que incluyan la convivencia en armonía, el respeto del otro, de su dignidad, de su vida.
Probablemente hemos pasado de una familia de “ordeno y mando” a un entorno donde abundan la laxitud, la renegociación permanente y, en muchos casos, la renuncia, el absentismo o ladimisión de ejercer de padres. Del arquetipo imperante basado en un padre crítico y exigente se ha pasado a otro bien distinto: el padre laxo, sumamente permisivo, dimisionario o ausente. Esta laxitud se traduce en un dejar hacer a los hijos lo que les apetezca, ya que la imposición del límite, la confrontación o la gestión del conflicto requiere un tiempo que se prefiere invertir en otras cuestiones más placenteras.
No nacemos sabiendo ser padres. Aprendemos a ello y aprendemos practicando. No hay otra manera. Y si no practicamos a su debido tiempo, luego no podemos gestionar al adolescente de más de metro setenta y más de setenta kilos de peso. Especialmente el oficio de educar requiere una inversión a largo plazo y una adaptación continua a las demandas y necesidades del educado.
El problema que nos ocupa ante los casos de bullying y similares tiene que ver probablemente con una escasa o nula Alfabetización Emocional y de Valores de Padres a Hijos. Del mismo modo que la ternura, el afecto, la caricia, el beso, la palabra cariñosa es imprescindible, también lo es, por supuesto el “no”, el límite, la prohibición de determinados comportamientos, la frustración o la postergación del placer. Todo ser humano debe conocer cuáles son sus propios límites, así como cuáles son los límites necesarios de su actuación en convivencia con el otro. Si el joven no ha tenido límites en su infancia, no sólo hará la vida imposible a las personas de su entorno para obtener lo que desea cuanto antes y a cualquier precio, sino que además carecerá de una propia conciencia de sus verdaderas necesidades, de sus verdaderos límites y, en consecuencia, de su identidad. Porque lo que nos moldea es lo que hemos tenido que superar, elaborar, trabajar y dar un sentido para tirar adelante. Somos lo que superamos, somos lo que incorporamos a través del trabajo y del esfuerzo.
No son “cosas de niños” ni “juegos de críos”, nos va el futuro en ello. Quizá es necesario recuperar y lustrar palabras como respeto, responsabilidad, esfuerzo, diálogo, voluntad, entrega, generosidad, paciencia... Quizá deberíamos dedicar tiempo a hablar sobre en qué consisten estos conceptos con nuestros hijos y realizar tareas que los lleven a la práctica. Como dice el lúcido filósofo francés André Compte Esponville, “nacemos mujeres y hombres, pero devenimos humanos”. Si hemos traído aquí a nuestros hijos, seamos responsables de su “humanización”. Un “todo vale” hoy deviene un “todo vale” mañana. Y en ese “todo vale” están las semillas de la violencia futura, del narcisismo, de la idiocia moral, incluso de la psicopatía con todas sus consecuencias".






